Los hombres que querían saltar la alambrada.

Conate llamó hoy a las ocho de la mañana para decirme que anteayer volvió a intentarlo y no lo consiguió. “Voy a hacerlo una vez más -explica apresuradamente al otro lado del teléfono- y si no lo consigo, me vuelvo a Camerún. Marruecos no es un buen país para quedarse. No puedo estar aquí más tiempo”.

NADOR

Conate tiene 26 años y lleva dos en Marruecos, sobreviviendo entre Nador -frente a Melilla- y Oujda, en la frontera con Argelia. Le conocí en Nador, dos días después de uno de los saltos conjuntos más numerosos en la alambrada de Melilla desde 2005. Fue el pasado martes 16 de octubre. 300 personas lo intentaron y algo más de 100 llegaron a la ciudad autónoma. Dos días después, fui a buscar a las afueras de Nador a Conate, que intentó saltar aquel día. Esperaba medio escondido detrás de un árbol, huyendo de la furgoneta de la Sûreté Nationale que rondaba el barrio.

“Vamos más lejos. Si la policía marroquí me ve, volverá a llevarme a Oujda”. Los 134 kilómetros que separan Nador de Oujda son la parte de Marruecos que mejor conoce Conate; tantas veces recorrida, como tantos otros subsaharianos detenidos en Nador por la policía marroquí, trasladados a Oujda en autobús, abandonados en la frontera con Argelia, en el desierto y vuelta a Oujda y a Nador. Vuelta a empezar. El tramo de Nacional-2 que une las dos ciudades es el castigo de Sísifo de los subsaharianos.

OUJDA

Hassan Amari enciendo otro cigarrillo y apura el café en la terraza del Mr.Smith, un local dividido en diferentes áreas de mesas. Cada una de ellas representa con su decoración un país europeo. Así, puedes pedir una hamburguesa y un zumo en el área de Inglaterra, que recuerda a un club londinense; en la de España, con cuadros de toros y fotografías de pueblos andaluces; o en la de Francia, con su Torre Eiffel y sus ‘Oh là là’ pintados en la pared. A 200 metros del Mr. Smith, decenas de subsaharianos se hacinan en tiendas de plástico verde en la cancha de baloncesto de la Facultad de Derecho y Ciencias de Oujda esperando llegar algún día a Europa. A la de verdad. El resto, cientos, ocultos en un bosque cercano.

“Es un partido de ping-pong entre Argelia y Marruecos”, explica Amari, que trabaja desde hace 4 años con la Asociación Marroquí de Derechos Humanos en esta frontera. “Argelia les expulsa a Marruecos y Marruecos a Argelia, pero ahora Marruecos- porque Europa se lo pide- está ejerciendo más presión sobre los inmigrantes y eso hace que quieran llegar a Europa a toda costa”.

La presión de la que habla Amari está publicada en un informe de Médicos Sin Fronteras de septiembre pasado que indicaba que en los últimos 4 meses, el número de heridos que había atendido la organización en las dos ciudades se había multiplicado por cuatro. Todos estos heridos cuentan la misma historia: Que la policía marroquí les golpea cuando intentan saltar la alambrada de Melilla o en el Monte Gurugú, como contaba Ben Ibrahim, de Gabón, junto a una tienda en la cancha de la Facultad: “Durante media hora me pegaron hasta dejarme casi muerto” .Que les sorprenden en pleno monte con redadas a las las cuatro o las cinco de la madrugada. Que además de usar bastones, ahora también usan objetos punzantes. Que hay muertos y no se sabe dónde están enterrados.

NADOR

Conate deja la bolsa de medicamentos en el suelo, se quita la gorra y me enseña una herida en la cabeza. “Ese día, el martes 16, me golpearon aquí”-indica, señalando la venda. “Hubo muchos heridos y 4 muertos. No sabemos dónde están los cuerpos. Creemos que los entierran por la noche”. Imposible comprobarlo. Sí hay cifras de los heridos que atendió MSF aquel día: 30 heridos, 15 de ellos graves, que fueron trasladados por la policía marroquí al hospital de Nador. En el otro lado también hubo denuncias de los subsaharianos de agresiones por parte de la Guardia Civil que la Delegación del Gobierno en Melilla negó. “Los inmigrantes vienen cada vez más agresivos”- decía en rueda de prensa el Delegado Abdelmalik el Barkani- . Viene armados con palos y piedras” .Pregunta: “¿Cómo son capaces de subir con palos y piedras una valla de 6 metros de altura?” Respuesta: “No lo sé”.

“Yo intenté saltar con un grupo de 87 cameruneses -continúa Conate-. Llegamos al otro lado, pero la Guardia Civil bloqueó a 17, yo entre ellos, y nos devolvió a Marruecos”. Según la Ley de Extranjería, a un inmigrante que llega a suelo español se le debe aplicar el procedimiento de expulsión; no devolverle a las autoridades marroquíes. Pero según el relato de los inmigrantes, esto no ocurre en todos los casos. No ocurre en muchos de los casos.

MONTE GURUGÚ

“Al monte no vuelvo”, dice muy serio Conate. “Estuve allí dos meses y la policía marroquí no dejaba de molestarnos. ¿Por qué lo hacen?. Yo sólo quiero ir a Europa. No quiero quedarme aquí”. A día de hoy, Conate lleva cuatro intentos de alcanzar Europa. La segunda vez lo intentó en una patera. “Mi hermana lo consiguió así. Ella está en Lyon, trabajando de peluquera. Me envió 1000 euros que entregué a un marroquí para que nos cruzara, hacia Málaga. A mitad de camino, la Gendarmería nos detuvo y nos devolvió a tierra marroquí”. Para llegar a Marruecos, Conate cruzó Nigeria, Benín, Burkina, Mali y Mauritania. En tres meses. Tiempo récord. “Me ayudaron amigos, que me llevaban en coche”. Otros no tienen tanta suerte, si puede llamársele suerte a verte obligado a salir de tu país, sabiendo lo que te espera, para buscar un trabajo y enviar dinero a tu familia. Sabiendo que te puedes dejar la vida. Otros han tardado hasta 4 años en llegar a Marruecos, parando para hacer trabajos aquí y allá, en un país y en otro, que les permitieron reunir algo de dinero para continuar el viaje.

El mismo camino que hizo Conate lo recorrió Steve, de 19 años, otro camerunés que se esconde en el Gurugú con 10 compañeros. Sueña con jugar al fútbol en Europa. “Mírame -me dice apoyado en un árbol- . Soy un hombre guapo, pero aquí no hay dignidad. Ni siquiera puedo lavarme. La policía marroquí no deja de atosigarnos. No hay qué comer. MSF nos trajo medicamentos y mantas, nada más” .El viento del Gurugú empieza a notarse. Y el frío, de noche. Con el fin del buen tiempo, se agotan las oportunidades.

MELILLA

A 10 kilómetros de allí, al otro lado de la frontera, en las inmediaciones del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de Melilla, Boumsong, de República Centroafricana, bromea con sus compañeros. Todos son recién llegados. Se ve porque llevan pijamas nuevos que proporciona el centro y porque no paran de sonreir, apoyados en un coche. “Mira -me dice señalando la placa española de la matrícula- Ves? Ya estoy en Europa”. Boumbsong, como sus compañeros, consiguió saltar la valla aquel martes. “Lo hice con la ayuda de Dios. Y con la ayuda de Dios llegaré a Barcelona”. Ha alcanzado su primer objetivo. Pero la meta queda lejos.

“Lo que quieren, claro, es cruzar al otro lado, no quedarse en Melilla”.Habla en su despacho Enrique Roldán, psicólogo y director de voluntariado de Cruz Roja Melilla. “La estancia prolongada en Melilla puede generar trastornos de ansiedad, de estrés. Aparecen, aproximadamente, al cabo de un año de estancia y pueden desembocar en patologías como el alcoholismo”. No están claros los criterios para abandonar el CETI rumbo a la Península. Algunos inmigrantes están allí desde hace dos, tres o cuatro años. Antes, se daba prioridad a las familias, pero no hay reglas establecidas. En el CETI, cuyo acceso a la prensa está vetado, pueden dormir, comer y formarse en talleres que imparten ONG´s como Melilla Acoge. Hombres y mujeres están separados en pabellones distintos, incluso las familias, por falta de espacio. El CETI suele estar casi siempre al doble de su capacidad. También pueden, con una tarjeta de entrada y salida del centro, moverse por la ciudad, “que es el patio grande de la cárcel”, sentencia José Palazón, de PRODEIN, “porque lo que quieren es trabajar y en Melilla no pueden”.

Conate, después de un arresto de la policía y el consiguiente traslado a Oujda, está ahora de vuelta en Farhana, muy cerca de la valla. Va a darse una última oportunidad. Steve, en el Gurugú, todavía se ve con fuerzas para intentarlo cuantas veces sea necesario. “Algún día, -dice señalando la valla, perfectamente visible desde el monte- estaré en Melilla. Inshallah”.

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Acerca de elenagmateos

Periodista. Después de un terremoto, cambié el asfalto de Madrid por el sol de Rabat. elenagm@gmail.com
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