Vidas secretas.

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En la web de contactos drague.com el reclamo, aparte de la felicísima pareja que aparece en la portada, es la cantidad de gente que hay inscrita: “487.645 solteros también buscan el amor”. Pero la búsqueda del amor no es tan fácil, ni siquiera técnicamente hablando:

Si se elige la opción JE SUIS: Une femme

                                    JE RECHERCHE: Un homme

todo va bien.

Con la opción JE SUIS: Un homme

                         JE RECHERCHE: Une femme

también funciona. Perfecto.

Pero si quiero elegir JE SUIS: Une femme

                                     JE RECHERCHE: Une femme

el sistema decide automáticamente que no, que lo que JE RECHERCHE es UN HOMME. Lo mismo sucede en el caso de hombres a la búsqueda de hombres.

Esto es lo que ocurre también en la sociedad marroquí. El sistema salta automáticamente y no tolera que alguien pueda enamorarse de una persona de su mismo sexo. Por suerte, las redes sociales y las webs de contactos específicas para la comunidad LGTB están permitiendo al colectivo expresarse y conocer gente. En los últimos años han proliferado varias páginas como Gaymaroc, en Facebook, o la revista digital Aswat, que nació el año pasado, con contenidos para el público gay.

Younes y Radouan se conocieron en una de estas redes y decidieron verse en persona. Quedaron el 2 de mayo en un parque de Temara, a pocos kilómetros al sur de Rabat. La policía les detuvo a las ocho de la tarde cuando estaban dándose un beso dentro del coche de Younes. El lunes pasado fueron condenados a cuatro meses de prisión por homosexualidad y atentado contra la moral pública, dos delitos recogidos en los artículos 489* y 483* del Código Penal marroquí, de 1962.

YOUNES Y RADOUAN

Llegaron al Tribunal de Primera Instancia de Temara pasadas las dos y media de la tarde. Frente a ellos, los tres jueces, los dos fiscales y dos grandes fotografías: una de Hassan II y otra de Mohamed VI en una sala desvencijada, por debajo del nivel del suelo. Los altavoces no funcionan. Tampoco tendría sentido que funcionaran, puesto que no hay micrófonos para el tribunal ni para los acusados. Una de las paredes está comida por la humedad y buena parte del muro queda a la vista; le hace falta algo más que una buena mano de pintura. Pienso en las palabras de mi colega Fatima Zahra en el coche, durante el camino: “Ya verás el tribunal. Es… como una tumba”.

La miré extrañada por la comparación, pero luego me di cuenta de que el tribunal sí tiene un cierto aire de tanatorio, con salas pequeñas, escaleras, gente yendo y viniendo con caras largas y jardines de mala hierba. Antes de llegar a la sala donde se celebra el juicio hay dos celdas con barrotes donde se indica, con esos pequeños cartelitos baratos que se emplean en los urinarios, que una es para los hombres y otra para las mujeres. En la de mujeres hay una fila de 3 asientos ennegrecidos que parecen haber salido de una oficina de banco atacada con cócteles molotov. Está vacía. En la de hombres, tres acusados esperan su turno sentados en el suelo. Uno de ellos se levanta y se agarra a los barrotes cuando ve que hay movimiento. Dentro no están ni Younes ni Radouan.

Delante de ellos fueron juzgados un puñado de casos de diversa índole: un acusado por arrojar ácido a un vecino, un comerciante con algunas discrepancias con la policía, … Para evitar problemas, antes de escuchar su testimonio, el tribunal decidió dejar que la sala se vaciase un poco. Se había llenado con los familiares, casi todas mujeres, de todos los que fueron juzgados aquel día. Incluso a pesar del silencio reinante era difícil oírles, ni siquiera desde los bancos de la primera fila. Respondieron cabizbajos y a media voz a las preguntas del juez y no cruzaron una sola mirada en los 40 minutos que duró el proceso.

ABOGADO: – ¡No puede juzgárseles por atentado contra la moral pública, porque estaban dentro de un coche, sin testigos! ¡Tampoco hay pruebas de que estuvieran besándose! ¡¡¿Cómo puede la policía decir algo así sin aportar pruebas?!!

JUEZ: – ¿Qué estabais haciendo dentro del coche?

YOUNES: – Nada, sólo estábamos hablando.

JUEZ: – En la declaración ante la Policía Judicial admitisteis los hechos.

RADOUAN: – No estábamos haciendo nada. Firmé esa declaración bajo presiones.

PROCURADOR DEL REY: – Puedo confirmar que les han sorprendido en flagrante delito, pero no entraré en detalles para no herir la sensibilidad del público. Uno de los acusados (Radouan) cobró por prestar ese “servicio”. No es la primera vez que lo hace. Cobra entre 100 y 300 dirhams. Solicito al tribunal que imponga una pena ejemplar.

JUEZ: – ¿Pagaste al otro acusado (Radouan) alguna cantidad de dinero?

YOUNES: – No.

La estrategia de los tres abogados de la defensa fue, en todo momento, negar los hechos a pesar de la declaración inicial de Younes y Radouan ante la Policía Judicial. Ese testimonio tiene valor de prueba en Marruecos, aunque se niegue más tarde en la sala. Para los abogados también era más fácil fingir que creían firmemente que sus defendidos se habían conocido en una web de contactos con el único propósito de charlar dentro de un coche. “Si fueran homosexuales no les habría defendido”, confesaba en el exterior de la sala uno de los letrados –no quiso dar su nombre- partidario de mantener en el Código Penal el artículo 489. La sentencia del juez fueron 4 meses de prisión para cada uno. La sentencia del abogado defensor fue “Somos musulmanes, no está bien hacer esas cosas”.

HAMZA 

Aun sin redes sociales y sin bluetooth, que se emplea en los trenes para ligar “a veces de forma descarada”, me comenta un amigo de Rabat, la naturaleza se impone, con ayuda tecnológica o sin ella. Hamza tiene 21 años. Tuvo, a los 14, su primera experiencia homosexual en un entorno tan poco tecnológico como un hammam y la evoca con una sonrisa, recordando el momento en que le pidió a otro muchacho que le frotara la espalda y que acabó en un beso. Sueña con poder pasear por la calle, de la mano, con su novio barcelonés. “Mi anterior novio, Karim, es marroquí, musulmán. Me dijo que teníamos que llevarlo en secreto. Decía que estábamos enfermos”.

Es frecuente que muchos homosexuales marroquíes acudan en busca de ayuda porque creen que lo que les pasa es que sufren una enfermedad. Sus familias también lo creen. “Conozco a muchos chicos que han sido agredidos y secuestrados por su familia. Les han quitado los teléfonos, les han impedido salir de casa. Y no pueden denunciarlos, claro. Son víctimas y no pueden hacer nada. Hay mucha culpabilidad. Y luego está la religión”, cuenta Betty Lachgar, psicóloga y activista de MALI (Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales).

El padre de Hamza es un hombre religioso. “Si se enterara de que soy gay, me golpearía. Sólo lo sabe mi hermano, y eso es lo que hizo, golpearme. Yo ya no creo en Dios”. En el Corán dos suras condenan explícitamente al pueblo de Lot, los sodomitas, pero algunos investigadores como Abdennur Prado interpretan que no hay una condena explícita a la homosexualidad, sino a las “perversiones sexuales” de todo tipo y violaciones que se practicaban en Sodoma. “Además, hay una cosa curiosa –comenta Lachgar- , al homosexual activo no se le considera homosexual. Sólo se habla de que alguien es gay si es pasivo. Se le considera afeminado”.

“He tenido muchos problemas. A veces me gritan Zamal! Zamal!” (Marica). A Hamza una vez le atacaron con un cuchillo. “Mira, aquí”, dice enseñando una pequeña cicatriz en el brazo.

 EL ÚNICO HOMOSEXUAL DE MARRUECOS

El escritor marroquí Abdelá Taia (Salé, 1973) contaba en un texto publicado hace unos años por EL PAÍS que de joven creía ser el único homosexual verdadero de Marruecos, por las dificultades y la frustración que le causaba su orientación sexual. Sentía que no podía decírselo a nadie, pero se convirtió en el primer intelectual homosexual en decirlo abiertamente. Declaró públicamente su orientación sexual en 2006, durante una conferencia en Meknès. Nadie le agredió, pero recuerda que temblaba mientras hablaba.

A los pocos meses, los islamistas del PJD (Partido  Justicia y Desarrollo, actualmente en el gobierno) pidieron una investigación por las denuncias de una celebración gay en Ksar el Kbir. Los titulares sensacionalistas en la prensa, los sermones en las mezquitas y las declaraciones del actual ministro de justicia, Mustafa Ramid, comparando la boda gay –sin validez legal, claro- con una forma de terrorismo, incendiaron a los habitantes de la población, que se acercaron armados hasta la casa donde se había producido aquel “ataque contra los principios del Islam y la nación”, como escribió el diario Al Masae.

Seis de los participantes en la ceremonia fueron condenados a penas de entre 4 y 10 meses de prisión, a pesar de que la única prueba fue un vídeo colgado en YOUTUBE en el que aparecía un hombre vestido con un kaftán.

El otro caso que se recuerda en Marruecos es el de la redada en Tetuán, en 2004, en la que la policía arrestó a 43 personas por intentar constituir una asociación de homosexuales. Al poco tiempo nació KIF KIF (de igual a igual), una plataforma de defensa de los derechos LGTB constituida en España, porque no obtuvo el permiso en Marruecos. Resultó que Abdelá Taia no era el único homosexual verdadero de Marruecos… aunque viva en París.

LEYLA

Es probable que Leyla también acabe viviendo en París, o “en algún país donde se respeten los derechos humanos y nuestra identidad sexual”. Leyla tiene 29 años, estudió Filología Inglesa y se está preparando psicológicamente para contárselo a su madre. Una vez se lo contó a una prima suya “pero no me tomó en serio. Pensó que se me pasaría”. Pero no, no era un gripe. Por suerte, ya se lo ha contado a sí misma y le parece bien. “Soy una mujer a la que le gustan las mujeres y no tengo ningún problema con esto, pero hay mucha gente confundida y así no se puede tener una relación”. Le tiembla un poco la voz cuando habla, “es la primera vez que me hacen una entrevista”, enciende otro cigarrillo.

Leyla ha seguido, como todos sus amigos gays -“al resto les considero conocidos, no amigos de verdad”-,  el caso de Younes y Radouan. “No me lo podía creer. Pensé: `Estamos viviendo en un lugar fuera de contexto histórico´. Es horrible juzgar a alguien y meterlo en prisión por una cuestión de amor y es vergonzoso el artículo 489. ¿Ir a prisión por amor? Suena bastante estúpido”.

También suena raro que todavía tengan que emplear palabras clave para reconocerse o para avisarse unos a otros de que llega la policía. O que tengan que buscar un lugar apartado para tener un encuentro sexual por miedo a los vecinos. Sobre todo cuando descubres que el siglo VIII y IX se cantaban poemas como este:

Cántame, oh Suleimán,

y llena de vino mi copa!

¿No ves que apareció al alba

bajo sus tenues velos?

Cuando te llegue la jarra

agárrala y sírveme:

quiero que ella te distraiga

de la llamada del almuédano.

Sírveme el vino sin tregua,

a la vista de todo el mundo,

y hagamos como los de Sodoma.

El poema es de Abu Nuwas (756-814), que vivió durante los años del califato abasí de Bagdad. También era gay.

FOTO: Fred Leloup, expuesta durante la Jornada Internacional contra la Homofobia organizada por MALI. 

Artículo 483: “cualquiera que, por estar desnudo voluntariamente o por la obscenidad de sus gestos o actos cometa un atentado público al pudor está castigado con penas de un mes a dos años de prisión y una multa de 200 a 500 dirhams”

Artículo 489: “ se castiga con prisión de seis meses a tres años y una multa de 200 a 1000 dirhams, a menos que el hecho constituya una infracción más grave, a cualquiera que cometa un acto impúdico o contra natura con un individuo de su mismo sexo”

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Acerca de elenagmateos

Periodista. Después de un terremoto, cambié el asfalto de Madrid por el sol de Rabat. elenagm@gmail.com
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