Salafistas hipster

superman

Artículo publicado en www.correodiplomatico.com . Septiembre 2013

Entre artículos más serios, como “25 de julio (día de la fiesta nacional tunecina): por qué esta fiesta no quiere decir nada para mi” o “Por qué el islam no es una religión de paz”, en el blog SLF: la revista del salafista moderno se pueden encontrar textos satíricos como “Seis trucos para estar en primera línea en la oración en grupo”, “Por qué los no creyentes nos imitan y se dejan barba” o “La kafiyah (pañuelo palestino), un accesorio que no pasa de moda”. El tunecino Bader Lanouar, un administrador web y padre de familia de 34 años, salafista convencido desde hace seis, es el creador de este insólito proyecto online. http://slfmagazine.wordpress.com

“Donde vivo, en Sousse (noreste de Túnez), mis amigos y yo, que somos personas completamente normales, discutimos sobre estos temas. Hacemos chistes sobre los tópicos que envuelven el salafismo, nos interesamos por las nuevas tecnologías, por la moda. Tenemos los mismos intereses que todo el mundo, pero con un estilo de vida diferente. Así que pensé en hacer una revista con todo esto” –cuenta en conversación vía skype.

El salafismo, la corriente más rigorista y conservador del islam, propone que los musulmanes deben vivir su religión como lo hicieron los primeros musulmanes, como el profeta Mohamed y sus discípulos, aplicando el Corán y la Sunna (los dichos y hechos del profeta) en todas las facetas de la vida: el gobierno, las leyes, las finanzas y la familia. Ese retorno a los orígenes implica, en muchos casos, imitar al profeta en su forma de comer, de vestir, en su aspecto. Por eso con frecuencia el look salafista incluye barba y qamiss (túnica larga).

“Es sólo una etiqueta. Hoy se quiere poner etiquetas a todo. Por ejemplo, si soy salafista, se supone que tengo que hablar de cierta manera, vestir de cierta manera y no salirme de eso. La idea del blog es cambiar ese concepto” –prosigue Lanouar, explicando cómo describe, en uno de sus artículos “las diez cosas que no puedes hacer en qamiss”, como montar en una bici BMX, subir las escaleras de dos en dos o correr delante de los toros en San Fermín.

Quiere dejar claro que el salafismo no está reñido con el humor… ni siquiera cuando se trata de hablar del salafismo yihadista, el que hace de la yihad contra el infiel el centro de su existencia. Y así lo hace en “Los cinco destinos de ensueño para un yihadista”: Afganistán, Siria, Irak, Chechenia y Palestina. Un artículo escrito como si fuera un folleto de vacaciones: (en Afganistán) “Seguir los pasos de Osama Bin Laden, recorrer el pueblo que ha reavivado la yihad en el mundo. Nada es tan excitante como pasar un rato en las montañas de Tora Bora”.

Por este tipo de artículos ha recibido críticas de musulmanes y no musulmanes. “Les parece chocante a los que no tienen sentido del humor. Algunos salafistas me han dicho que tratar temas serios de esta forma y reírse de ellos no es muy buena idea. Y, por parte de los no musulmanes, he tenido que borrar del blog comentarios insultantes, pero también he recibido mensajes que me animan y felicitaciones por haber abierto una puerta al diálogo y al conocimiento de qué es el salafismo.”

Hace tan sólo 6 años, Bader Lanouar jamás se había interesado por la religión. Su familia nunca había ido a la mezquita a rezar y él tenía otros intereses, como componer música rap. Era un habitual de los foros musicales en internet y precisamente en uno de ellos empezó una discusión sobre religión. “Fui investigando sobre la religión para tener argumentos en las discusiones y poco a poco me fui interesando más y más”. Hoy no escucha música, ha convertido a dios en el centro de su vida y tiene el propósito, dice, de “eliminar esa imagen de sanguinarios a los que les gusta cortar, lapidar y matar que nos atribuyen los medios y también el gobierno. ”.

Con la caída de Ben Ali se produjo la “salida del armario” de los salafistas después de haber pasado décadas perseguidos y reprimidos. Lanouar cuenta que ahora puede ir por la calle, vestido con túnica o la mezquita y nadie le pide la identificación, pero culpa al gobierno islamista de Ennahda de atribuir a los salafistas todos los males del país. “Si el turismo baja, es culpa de los salafistas. Si hay un atentado, han sido los salafistas. Yo no voy a dejar de ir a la mezquita o afeitarme la barba sólo porque unos pocos utilicen la marca salafista para cometer delitos”, subraya.

Otra cosa distinta es que crea que el islam es una religión de paz “por que no lo es”, afirma. “El islam da soluciones de paz en tiempos de paz y soluciones de guerra en tiempos de guerra. No tiene ningún sentido decir que es una religión de paz. Sería decir que si un país musulmán es atacado, vamos a ofrecerle flores a los que nos atacan”. Tampoco está de acuerdo con el concepto del islam que tiene Ennahda. “Son gente que utiliza el islam como “marca” para acceder al poder, que estarían dispuestos a pactar con cualquiera”.

Lanouar sí se ha propuesto, en cambio, aplicar el verdadero islam y para ello pone a su servicio todos los medios que tiene a su alcance. Desde el blog, en Facebook y en Twitter. Proselitismo del siglo XXI, como el que encontramos en su “Entrevista con un imam 2.0” o en su artículo “6 aplicaciones Facebook para propagar el Corán y la Sunna”. El problema es vivir en un estado, como Túnez, que ha escrito su historia reciente dejando de lado la religión, tanto con Habib Bourghiba como con Ben Ali. En un eventual “estado islámico verdadero”, dice, “nunca podrían obligar a nadie a convertirse. Pero, evidentemente, en un país regido por el islam, tanto los musulmanes como los no musulmanes deberían respetar las reglas”.

El blog lleva dos meses funcionando y tiene entre 2000 y 6000 visitas diarias. El próximo reto es escribir artículos para mujeres “aunque no sé cuáles son sus intereses”, admite. Se despide de broma: “Ahora voy intentar insertar unos banner de publicidad. Creo que buscaré que me patrocine Kaláshnikov”.

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Vidas secretas.

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En la web de contactos drague.com el reclamo, aparte de la felicísima pareja que aparece en la portada, es la cantidad de gente que hay inscrita: “487.645 solteros también buscan el amor”. Pero la búsqueda del amor no es tan fácil, ni siquiera técnicamente hablando:

Si se elige la opción JE SUIS: Une femme

                                    JE RECHERCHE: Un homme

todo va bien.

Con la opción JE SUIS: Un homme

                         JE RECHERCHE: Une femme

también funciona. Perfecto.

Pero si quiero elegir JE SUIS: Une femme

                                     JE RECHERCHE: Une femme

el sistema decide automáticamente que no, que lo que JE RECHERCHE es UN HOMME. Lo mismo sucede en el caso de hombres a la búsqueda de hombres.

Esto es lo que ocurre también en la sociedad marroquí. El sistema salta automáticamente y no tolera que alguien pueda enamorarse de una persona de su mismo sexo. Por suerte, las redes sociales y las webs de contactos específicas para la comunidad LGTB están permitiendo al colectivo expresarse y conocer gente. En los últimos años han proliferado varias páginas como Gaymaroc, en Facebook, o la revista digital Aswat, que nació el año pasado, con contenidos para el público gay.

Younes y Radouan se conocieron en una de estas redes y decidieron verse en persona. Quedaron el 2 de mayo en un parque de Temara, a pocos kilómetros al sur de Rabat. La policía les detuvo a las ocho de la tarde cuando estaban dándose un beso dentro del coche de Younes. El lunes pasado fueron condenados a cuatro meses de prisión por homosexualidad y atentado contra la moral pública, dos delitos recogidos en los artículos 489* y 483* del Código Penal marroquí, de 1962.

YOUNES Y RADOUAN

Llegaron al Tribunal de Primera Instancia de Temara pasadas las dos y media de la tarde. Frente a ellos, los tres jueces, los dos fiscales y dos grandes fotografías: una de Hassan II y otra de Mohamed VI en una sala desvencijada, por debajo del nivel del suelo. Los altavoces no funcionan. Tampoco tendría sentido que funcionaran, puesto que no hay micrófonos para el tribunal ni para los acusados. Una de las paredes está comida por la humedad y buena parte del muro queda a la vista; le hace falta algo más que una buena mano de pintura. Pienso en las palabras de mi colega Fatima Zahra en el coche, durante el camino: “Ya verás el tribunal. Es… como una tumba”.

La miré extrañada por la comparación, pero luego me di cuenta de que el tribunal sí tiene un cierto aire de tanatorio, con salas pequeñas, escaleras, gente yendo y viniendo con caras largas y jardines de mala hierba. Antes de llegar a la sala donde se celebra el juicio hay dos celdas con barrotes donde se indica, con esos pequeños cartelitos baratos que se emplean en los urinarios, que una es para los hombres y otra para las mujeres. En la de mujeres hay una fila de 3 asientos ennegrecidos que parecen haber salido de una oficina de banco atacada con cócteles molotov. Está vacía. En la de hombres, tres acusados esperan su turno sentados en el suelo. Uno de ellos se levanta y se agarra a los barrotes cuando ve que hay movimiento. Dentro no están ni Younes ni Radouan.

Delante de ellos fueron juzgados un puñado de casos de diversa índole: un acusado por arrojar ácido a un vecino, un comerciante con algunas discrepancias con la policía, … Para evitar problemas, antes de escuchar su testimonio, el tribunal decidió dejar que la sala se vaciase un poco. Se había llenado con los familiares, casi todas mujeres, de todos los que fueron juzgados aquel día. Incluso a pesar del silencio reinante era difícil oírles, ni siquiera desde los bancos de la primera fila. Respondieron cabizbajos y a media voz a las preguntas del juez y no cruzaron una sola mirada en los 40 minutos que duró el proceso.

ABOGADO: – ¡No puede juzgárseles por atentado contra la moral pública, porque estaban dentro de un coche, sin testigos! ¡Tampoco hay pruebas de que estuvieran besándose! ¡¡¿Cómo puede la policía decir algo así sin aportar pruebas?!!

JUEZ: – ¿Qué estabais haciendo dentro del coche?

YOUNES: – Nada, sólo estábamos hablando.

JUEZ: – En la declaración ante la Policía Judicial admitisteis los hechos.

RADOUAN: – No estábamos haciendo nada. Firmé esa declaración bajo presiones.

PROCURADOR DEL REY: – Puedo confirmar que les han sorprendido en flagrante delito, pero no entraré en detalles para no herir la sensibilidad del público. Uno de los acusados (Radouan) cobró por prestar ese “servicio”. No es la primera vez que lo hace. Cobra entre 100 y 300 dirhams. Solicito al tribunal que imponga una pena ejemplar.

JUEZ: – ¿Pagaste al otro acusado (Radouan) alguna cantidad de dinero?

YOUNES: – No.

La estrategia de los tres abogados de la defensa fue, en todo momento, negar los hechos a pesar de la declaración inicial de Younes y Radouan ante la Policía Judicial. Ese testimonio tiene valor de prueba en Marruecos, aunque se niegue más tarde en la sala. Para los abogados también era más fácil fingir que creían firmemente que sus defendidos se habían conocido en una web de contactos con el único propósito de charlar dentro de un coche. “Si fueran homosexuales no les habría defendido”, confesaba en el exterior de la sala uno de los letrados –no quiso dar su nombre- partidario de mantener en el Código Penal el artículo 489. La sentencia del juez fueron 4 meses de prisión para cada uno. La sentencia del abogado defensor fue “Somos musulmanes, no está bien hacer esas cosas”.

HAMZA 

Aun sin redes sociales y sin bluetooth, que se emplea en los trenes para ligar “a veces de forma descarada”, me comenta un amigo de Rabat, la naturaleza se impone, con ayuda tecnológica o sin ella. Hamza tiene 21 años. Tuvo, a los 14, su primera experiencia homosexual en un entorno tan poco tecnológico como un hammam y la evoca con una sonrisa, recordando el momento en que le pidió a otro muchacho que le frotara la espalda y que acabó en un beso. Sueña con poder pasear por la calle, de la mano, con su novio barcelonés. “Mi anterior novio, Karim, es marroquí, musulmán. Me dijo que teníamos que llevarlo en secreto. Decía que estábamos enfermos”.

Es frecuente que muchos homosexuales marroquíes acudan en busca de ayuda porque creen que lo que les pasa es que sufren una enfermedad. Sus familias también lo creen. “Conozco a muchos chicos que han sido agredidos y secuestrados por su familia. Les han quitado los teléfonos, les han impedido salir de casa. Y no pueden denunciarlos, claro. Son víctimas y no pueden hacer nada. Hay mucha culpabilidad. Y luego está la religión”, cuenta Betty Lachgar, psicóloga y activista de MALI (Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales).

El padre de Hamza es un hombre religioso. “Si se enterara de que soy gay, me golpearía. Sólo lo sabe mi hermano, y eso es lo que hizo, golpearme. Yo ya no creo en Dios”. En el Corán dos suras condenan explícitamente al pueblo de Lot, los sodomitas, pero algunos investigadores como Abdennur Prado interpretan que no hay una condena explícita a la homosexualidad, sino a las “perversiones sexuales” de todo tipo y violaciones que se practicaban en Sodoma. “Además, hay una cosa curiosa –comenta Lachgar- , al homosexual activo no se le considera homosexual. Sólo se habla de que alguien es gay si es pasivo. Se le considera afeminado”.

“He tenido muchos problemas. A veces me gritan Zamal! Zamal!” (Marica). A Hamza una vez le atacaron con un cuchillo. “Mira, aquí”, dice enseñando una pequeña cicatriz en el brazo.

 EL ÚNICO HOMOSEXUAL DE MARRUECOS

El escritor marroquí Abdelá Taia (Salé, 1973) contaba en un texto publicado hace unos años por EL PAÍS que de joven creía ser el único homosexual verdadero de Marruecos, por las dificultades y la frustración que le causaba su orientación sexual. Sentía que no podía decírselo a nadie, pero se convirtió en el primer intelectual homosexual en decirlo abiertamente. Declaró públicamente su orientación sexual en 2006, durante una conferencia en Meknès. Nadie le agredió, pero recuerda que temblaba mientras hablaba.

A los pocos meses, los islamistas del PJD (Partido  Justicia y Desarrollo, actualmente en el gobierno) pidieron una investigación por las denuncias de una celebración gay en Ksar el Kbir. Los titulares sensacionalistas en la prensa, los sermones en las mezquitas y las declaraciones del actual ministro de justicia, Mustafa Ramid, comparando la boda gay –sin validez legal, claro- con una forma de terrorismo, incendiaron a los habitantes de la población, que se acercaron armados hasta la casa donde se había producido aquel “ataque contra los principios del Islam y la nación”, como escribió el diario Al Masae.

Seis de los participantes en la ceremonia fueron condenados a penas de entre 4 y 10 meses de prisión, a pesar de que la única prueba fue un vídeo colgado en YOUTUBE en el que aparecía un hombre vestido con un kaftán.

El otro caso que se recuerda en Marruecos es el de la redada en Tetuán, en 2004, en la que la policía arrestó a 43 personas por intentar constituir una asociación de homosexuales. Al poco tiempo nació KIF KIF (de igual a igual), una plataforma de defensa de los derechos LGTB constituida en España, porque no obtuvo el permiso en Marruecos. Resultó que Abdelá Taia no era el único homosexual verdadero de Marruecos… aunque viva en París.

LEYLA

Es probable que Leyla también acabe viviendo en París, o “en algún país donde se respeten los derechos humanos y nuestra identidad sexual”. Leyla tiene 29 años, estudió Filología Inglesa y se está preparando psicológicamente para contárselo a su madre. Una vez se lo contó a una prima suya “pero no me tomó en serio. Pensó que se me pasaría”. Pero no, no era un gripe. Por suerte, ya se lo ha contado a sí misma y le parece bien. “Soy una mujer a la que le gustan las mujeres y no tengo ningún problema con esto, pero hay mucha gente confundida y así no se puede tener una relación”. Le tiembla un poco la voz cuando habla, “es la primera vez que me hacen una entrevista”, enciende otro cigarrillo.

Leyla ha seguido, como todos sus amigos gays -“al resto les considero conocidos, no amigos de verdad”-,  el caso de Younes y Radouan. “No me lo podía creer. Pensé: `Estamos viviendo en un lugar fuera de contexto histórico´. Es horrible juzgar a alguien y meterlo en prisión por una cuestión de amor y es vergonzoso el artículo 489. ¿Ir a prisión por amor? Suena bastante estúpido”.

También suena raro que todavía tengan que emplear palabras clave para reconocerse o para avisarse unos a otros de que llega la policía. O que tengan que buscar un lugar apartado para tener un encuentro sexual por miedo a los vecinos. Sobre todo cuando descubres que el siglo VIII y IX se cantaban poemas como este:

Cántame, oh Suleimán,

y llena de vino mi copa!

¿No ves que apareció al alba

bajo sus tenues velos?

Cuando te llegue la jarra

agárrala y sírveme:

quiero que ella te distraiga

de la llamada del almuédano.

Sírveme el vino sin tregua,

a la vista de todo el mundo,

y hagamos como los de Sodoma.

El poema es de Abu Nuwas (756-814), que vivió durante los años del califato abasí de Bagdad. También era gay.

FOTO: Fred Leloup, expuesta durante la Jornada Internacional contra la Homofobia organizada por MALI. 

Artículo 483: “cualquiera que, por estar desnudo voluntariamente o por la obscenidad de sus gestos o actos cometa un atentado público al pudor está castigado con penas de un mes a dos años de prisión y una multa de 200 a 500 dirhams”

Artículo 489: “ se castiga con prisión de seis meses a tres años y una multa de 200 a 1000 dirhams, a menos que el hecho constituya una infracción más grave, a cualquiera que cometa un acto impúdico o contra natura con un individuo de su mismo sexo”

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Casablanca. 16 de mayo de 2003.

Madame Souad Begdouri conserva el apellido de su marido -el Khamal- en su tarjeta de visita. Abdelwahed el Khamal, un brillante abogado célebre en el mundillo por ganar casi todos sus casos, estaba con su hijo Taïeb, de 17 años, en la Casa de España de Casablanca el 16 de mayo de 2003. “Al principio sí tuve el apoyo de la familia y de los amigos. Después todo el mundo se fue y comenzó el seguimiento médico-psicológico. Luego la vida fue volviendo a su forma normal. Ahora vivo sola”

La explosión, a las diez de la noche, redujo el restaurante de este local social a restos de sillas, mesas, platos, ropas y zapatos calcinados. Junto a Abdelwahed y Taïeb murieron otras 20 personas, entre ellas 4 españoles, en el peor de los cinco ataques simultáneos en Casablanca contra “objetivos impíos”. Los otros escenarios fueron el hotel Farah, el restaurante italiano Positano, la Alianza Israelí y el cementerio judío. Balance total: 45 muertos, entre ellos 12 kamikazes.

Souad Begdouri es la presidenta de la asociación Víctimas del 16 de mayo, que trabaja para ayudar a las víctimas de los atentados. El Estado indemnizó a los familiares de los fallecidos pero se olvidó de los heridos. Muchos de ellos no han podido trabajar desde entonces debido al trauma psicológico. Ayer Begdouri decidió dar el paso de acercarse hasta Sidi Moumen, la barriada de la que salieron los 14 kamikazes, (dos de ellos se arrepintieron) para participar en un debate durante la proyección de la película Los Caballos de Dios, de Nabil Ayouch, que relata el proceso de conversión en terroristas de los jóvenes que perpetraron los atentados. “No, no estoy preparada para la reconciliación”, acertó a decir con la voz quebrada la viuda de El Khamal antes de darse cuenta de que tampoco estaba preparada para el debate y abandonar la sala.

El Estado marroquí, en cambio, sí ha demostrado que lo está. En febrero del año pasado fueron excarcelados, después de haber sido indultados por la gracia real con motivo de la fiesta del profeta, tres jeques salafistas –Hassan Kettani, Abdelwahab Rafiki, alias Abu Hafs, y Omar Haddouchi- que cumplían penas de entre 20 y 30 años de cárcel acusados de ser los ideólogos de los ataques. Uno más, Mohammed el Fizazi, ya había sido indultado en 2011.

Los cuatro habían renunciado a la violencia y llevaban años denunciando torturas en prisión. Desde la cárcel enviaron cartas al ministro de justicia, Mustafa Ramid, del partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD), para denunciar su situación y Ramid, antiguo abogado defensor de presos salafistas, hizo llegar el mensaje hasta conseguir su liberación.

Politólogos marroquíes como Mohammed Darif creen que el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) jugó la carta salafista con estos indultos para ampliar su masa de votantes. Otros análisis vieron en estos indultos una puerta abierta a la normalización y a la creación de un partido político de corte salafista –la corriente más rigorista del Islam-. Por ejemplo, Ennassir, la asociación de apoyo a los presos salafistas, apuesta por la entrada en el juego político.

Hay un grupo entre los salafistas que no vería mal la defensa de la monarquía  y podrían ser el contrapeso de los numerosísimos seguidores de otra formación islamista, Al Adl Wal Ishssane (Justicia y Caridad) del difunto jeque Yassine, quienes por el contrario, no creen que el rey deba ser el Comendador de los Creyentes. Con semejante crítica es imposible por el momento que sean legalizados, aunque sean tolerados. Pero la puerta al juego político salafista -que en sus vertientes más extremas justifica la yihad- sigue cerrada.

Con estrategia o sin ella en estos y en otros indultos, las asociaciones de defensa de los Derechos Humanos no se han cansado en estos años de señalar los abusos de la ley antiterrorista que aprobó el parlamento marroquí a los pocos días de los atentados. La ley permite la detención sin asistencia de un abogado hasta doce días, endurece las penas de prisión y amplía la detención preventiva a 96 días.

Al amparo de esta norma fueron arrestadas hasta 3.000 personas de las que casi 900 continúan en prisión, como Mohamed Lassad, arrestado el 20 de mayo de 2003 “sólo por llevar la barba islámica”, señala su mujer, Bahiya Ghawani, que saluda dando una mano enfundada en guante negro y apenas deja ver los ojos detrás de la abaya que la cubre por completo. “Yo también soy una víctima”- es lo primero que dice- “Mi marido lleva 10 años en prisión en unas condiciones indescriptibles y no tuvo nada que ver con lo que pasó”.

Las otras víctimas, repite incansable el director Nabil Ayouch, fueron los kamikazes, los 14 chavales que salieron de la bidonville Thomas dispuestos a dejarse la vida creyendo defender a Dios. Los Caballos de Dios, basada en la novela Las estrellas de Sidi Moumen, de Mahi Binebine es, sin duda, la cinta más promocionada del realizador marroquí. Fue rodada en otra bidonville, en Brahma, donde  viven, o sobreviven, 5.000 personas “porque de Thomas apenas queda nada, poco después el Estado empezó a construir viviendas sociales”, apuntaba el director el año pasado en una entrevista con esta periodista a pie de chabola. Ayouch conoce palmo a palmo la infraciudad porque pasó semanas rodando en ella y de ella salieron los actores, no profesionales, del film. El Sidi Moumen de hoy no es el de hace 10 años. Se ha convertido en un barrio con escuelas, mezquitas e institutos, pero todavía quedan cientos de barriadas de chabolas en la gran capital económica del país, porque el plan de realojo que se propuso poner en marcha el gobierno marroquí en 2008 no funciona bien. Sólo en la región de Casablanca hay 100.000 familias viviendo en estas casas de aluminio y plástico.

La ignorancia, la escasa escolarización entre las clases más desfavorecidas –en Marruecos la tasa de analfabetos es del 30%- hace más manejables a estos jóvenes y, unida a unas condiciones de vida míseras constituye la sopa perfecta para el extremismo y la violencia. En este país la vertiente violenta del Islam es muy escasa, pero eso sigue siendo una pobre explicación para las familias de las 45 víctimas mortales y los más de 60 heridos de los atentados de Casablanca.

Chavales en la bidonville Brahma, Casablanca

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El salafismo se expande en Túnez

Artículo para Correo Diplomático. 

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El adiós silencioso al jeque Yassine.

Justicia y Caridad, el movimiento islamista más fuerte en Marruecos, no legalizado, pero tolerado, ha despedido hoy a su líder espiritual, el jeque Abdesalam Yassine, el azote de la monarquía alauita. Decenas de miles de personas -no tantas como se auguraban, sin embargo-han acompañado al féretro desde la mezquita de Assuna, en pleno centro de Rabat, hasta el cementerio de los Mártires de la capital marroquí, junto a la playa.

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Ha sido un cortejo fúnebre ordenado, silencioso y donde se han visto numerosas muestras de dolor entre los asistentes, que sollozaban apenados por la muerte de su líder espiritual. “Ha muerto nuestro padre”, decía Khadiya, una estudiante de 22 años situada en el lado de las mujeres, que han ido detrás de los hombres en el cortejo y no han entrado en el cementerio a despedirle.

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Después de un fracaso matrimonial y una crisis personal, Yassine, excelente violinista y jugador de ajedrez, descubrió el sufismo a los 37 años y desde entonces se entrega a la religión. En 1973 escribe una carta al rey Hassan II en la que cuestiona su liderazgo religioso como Comendador de los Creyentes. Por ello pasó tres años y medio en prisión. Fue la primera de las condenas que le tuvieron buena parte de su vida en arresto domiciliario, después de un par de cartas más.

Cuando Mohamed VI llegó al trono en 1999, escribe otra carta similar a las anteriores, en la que exige al nuevo rey lo mismo que exigía a su padre: que pida perdón por sus pecados y reparta su fortuna entre los pobres.

“A nadie le gusta que le quiten la alfombra bajo los pies”, comentaba Rachid, que ha venido desde Madrid para asistir al entierro. “Pero su intención no era esa. Él sólo quería enseñar el camino recto, el que debe tomar cualquier persona”.

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Se especula ahora sobre su sucesor y sobre el futuro del movimiento: si seguirá siendo una organización apartada del juego del majzen y el poder que tanto criticó Yassine o bien optará por una senda más política que religiosa para aglutinar el descontento social en Marruecos.

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Amanecer en el desierto. Dormir en la nieve.

Hubert Lyautey era la máxima autoridad francesa en Marruecos cuando se estableció el protectorado en 1912 y a él se atribuye la frase: “Marruecos un país frío con el sol muy caliente”. Lo que no dijo Lyautey es que en un solo día de viaje por este país es posible salir del verano por la mañana y entrar en el invierno por la noche.

Erg Chebbi.

Rumbo al sureste desde Rabat, hasta el otro extremo del país, junto a Argelia, llegamos a las dunas en una noche sin estrellas, con lluvia en el desierto y sin más luz que la del albergue, los faros del coche y el frontal. Viajo con un grupo de amigos, entre ellos, el equipo de TVE en Rabat. Para los que nunca habíamos pisado esa tierra, era imposible anticipar el espectáculo a unos pocos cientos de metros al abrir la ventana de la habitación al día siguiente: una enorme duna ocre-rosada, palmeras a sus pies y un mar de arena que se adivinaba detrás de ella. Irreal como la ilustración de un cuento o una foto de Instagram pasada de filtros.

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Las fotos nunca hacen justicia a la naturaleza. Ya lo he vivido en otras partes del mundo. Puedes tirar un carrete entero de fotos del Gran Cañón del Colorado, en Estados Unidos, o del salar de Uyuni, en Bolivia, desde la tierra o desde el aire y nunca es posible abarcar con la lente lo que llega al cerebro a través de los ojos. Supongo que también es una cuestión de percepciones y sentimientos, de lo que transmite el lugar. En este caso, los 27km por 7km de arena de las dunas de Erg Chebbi (erg:arena móvil) a 50 km de la frontera argelina, al borde del Sahara, dejan sin aliento al viajero más viajado.

“Mira, ahora están montando un decorado de chabolas para una película americana”, nos cuenta Nasser Naciri, nuestro guía, propietario de uno de los albergues de la zona, el Nasser Palace y organizador del primer Festival de Músicas del Mundo que se ha celebrado junto a las dunas, en Merzouga. Erg Chebbi , Ouarzazate y las montañas del Atlas, en la misma región, han sido y siguen siendo un gran plató de producciones como Lawrence de Arabia, El Cielo Protector, Babel, El hombre que pudo reinar o Alejandro Magno.

Cuenta la leyenda que las dunas de Erg Chebbi se formaron cuando los habitantes del lugar negaron cobijo y comida a una mujer y a su hijo. Dios se enfadó y enterró a la población debajo de la arena, que en algunos puntos alcanza los 160 metros de altura. Subir hasta arriba y ver el amanecer es una experiencia que ningún visitante se puede perder. La recompensa por la fatigosa subida a pie es contemplar un mar de dunas de arena que va cambiando de color. De los tonos rosados y anaranjados del alba, al dorado del mediodía y el púrpura del atardecer.

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“Si Atacama, en Chile, es el desierto más árido del planeta, Erg Chebbi es el desierto con mejor perfil de dunas del mundo”, explica orgulloso Nasser, quien asegura que el turismo español ha bajado en un 70% desde la crisis. Para revitalizarlo, tuvo la idea de organizar un festival de música con el que pretende atraer a más público a la zona. La fórmula que ha empleado para ponerlo en marcha y traer a grupos internacionales ha sido la fórmula tradicional, la de los nómadas, el trueque: “Yo te traigo y te alojo y tú me das música”.

Las familias nómadas de la zona están viendo, en los últimos años, que su espacio se reduce más y más. Por un lado, les limita la frontera con Argelia y por otro, el nuevo turismo de aventura. En Merzouga se organizan rallys de motos, vehiculos 4×4 y quads, que llevan dinero a pesar de que lo deseable sería apostar por un tipo de turismo más sostenible y más acorde con el paisaje. Por muy excitante que sea recorrer la duna a bordo de un quad, el ruido se hace insoportable en un paraje así. Es mucho más recomendable hacerlo a lomos de dromedario o a pie, con cantimplora y protegido del sol. Ojo, porque las temperaturas en verano alcanzan los 50ºC y el viajero despistado puede verse metido en una insolación que el personal de los albergues trata con aspirinas, agua de rosas y friegas de limones y naranjas.

Por el festival se han paseado grupos locales de música beljún, típica de esta zona, la de Tafilalt; musica gnaua, de origen guineano muy presente en Marruecos; música del Atlas y también grupos internacionales, como Sada, cuyos integrantes son de Barcelona y Marruecos.

Aquí os dejo una parte de la jam session que pudimos disfrutar con ellos.

Se acerca el invierno.

Sí. Cuesta levantarse a las 5AM para subirse a una duna. Sobre todo después de dos semanas de catarro -los virus marroquíes presentan una especial resistencia en mi cuerpo- y una forma física francamente mejorable. Pero merece la pena. Merece mucho la pena. Lo malo es que luego una no puede irse a dormir, como había planeado, porque todas esas imágenes se quedan dando vueltas en la cabeza y no hay manera de sacarlas en horas, o más bien días.

Con el subidón de energía del amanecer en la duna, emprendemos rumbo de vuelta a Rabat. Atravesamos Rissani, entre las ruinas del palacio del hermano mayor del sultán Mulay Hassan; Er Rachidia, que fue plaza militar y opuso fuerte resistencia al protectorado, y Erfoud, famosa por sus fósiles y su Festival del Dátil. Junto a ellas, las tres llenas de burros y bicicletas, serpentea un oasis de palmeras kilométrico, el valle del Ziz, que bien merece otra parada.

Y aquí es cuando empieza el invierno. Siguiendo la carretera hacia Rabat hay que atravesar el Alto Atlas, entre Er Rachidia y Midelt, al otro lado de las montañas. Después de la lluvia y de paisajes de montañas cortadas y sendas que podrían estar en El Señor de los Anillos o en Juego de Tronos, llegó la nieve. Mucha nieve. Tanta, que nos encontramos la carretera cortada al otro lado de Midelt.

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Así que toca hacer noche allí. Toca peregrinar de hotel en hotel porque todos están completos. Terminamos en el Hotel Roi de la Bière (Rey de la Cerveza). Curioso nombre para un hotel. Curioso teniendo en cuenta, además, que estamos en un país musulmán, aunque después de más de un año aquí, empiezo a asumir como algo normal estas contradicciones marroquíes. Decidimos que ése es nuestro hotel pero, en lugar de cerveza, compramos vino para celebrar la primera nevada en una de las tiendas de alcohol más completas que he visto nunca en Marruecos. Ni se le acerca cualquiera de las de Rabat o Casablanca.

El pequeño restaurante donde nos dejan llevar el vino que hemos comprado sirve tajines de pollo y pollo asado con patatas. Es decir, sólo hay pollo y patatas, en distintas versiones. El encargado, un tipo negro, alto y sonriente, nos informa de que se trata de un “restaurante romántico”. Y señala las flores de plástico en la pared, los globos con forma de corazón con los colores de la bandera de Marruecos y los vídeos musicales árabes en la tele que cuentan historias de amor o desamor. Y así, contagiados de romanticismo, terminamos el pollo, el vino, las aceitunas y la ensalada de tomate. Es hora de ir a dormir.

A la mañana siguiente, de nuevo en ruta. Después de haber dejado atrás el invierno de Midelt y el verano desértico de Merzouga, atravesamos el otoño de cedros de Azrou. Árboles de porte espigado y unos 150 años de edad a lo largo del camino. En algunos puntos se puede observar que, a pesar de la prohibición, los cedros son talados para usar la leña. Pero en general, domina el verde de los árboles -los cedros y las encinas- y el campo. Y al final, el valle…

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.. y la primavera. Entrando en Rabat, el termómetro del coche marca 19ºC. Dos días. Cuatro estaciones. Bienvenidos a Marruecos. Marhaba!

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Los hombres que querían saltar la alambrada.

Conate llamó hoy a las ocho de la mañana para decirme que anteayer volvió a intentarlo y no lo consiguió. “Voy a hacerlo una vez más -explica apresuradamente al otro lado del teléfono- y si no lo consigo, me vuelvo a Camerún. Marruecos no es un buen país para quedarse. No puedo estar aquí más tiempo”.

NADOR

Conate tiene 26 años y lleva dos en Marruecos, sobreviviendo entre Nador -frente a Melilla- y Oujda, en la frontera con Argelia. Le conocí en Nador, dos días después de uno de los saltos conjuntos más numerosos en la alambrada de Melilla desde 2005. Fue el pasado martes 16 de octubre. 300 personas lo intentaron y algo más de 100 llegaron a la ciudad autónoma. Dos días después, fui a buscar a las afueras de Nador a Conate, que intentó saltar aquel día. Esperaba medio escondido detrás de un árbol, huyendo de la furgoneta de la Sûreté Nationale que rondaba el barrio.

“Vamos más lejos. Si la policía marroquí me ve, volverá a llevarme a Oujda”. Los 134 kilómetros que separan Nador de Oujda son la parte de Marruecos que mejor conoce Conate; tantas veces recorrida, como tantos otros subsaharianos detenidos en Nador por la policía marroquí, trasladados a Oujda en autobús, abandonados en la frontera con Argelia, en el desierto y vuelta a Oujda y a Nador. Vuelta a empezar. El tramo de Nacional-2 que une las dos ciudades es el castigo de Sísifo de los subsaharianos.

OUJDA

Hassan Amari enciendo otro cigarrillo y apura el café en la terraza del Mr.Smith, un local dividido en diferentes áreas de mesas. Cada una de ellas representa con su decoración un país europeo. Así, puedes pedir una hamburguesa y un zumo en el área de Inglaterra, que recuerda a un club londinense; en la de España, con cuadros de toros y fotografías de pueblos andaluces; o en la de Francia, con su Torre Eiffel y sus ‘Oh là là’ pintados en la pared. A 200 metros del Mr. Smith, decenas de subsaharianos se hacinan en tiendas de plástico verde en la cancha de baloncesto de la Facultad de Derecho y Ciencias de Oujda esperando llegar algún día a Europa. A la de verdad. El resto, cientos, ocultos en un bosque cercano.

“Es un partido de ping-pong entre Argelia y Marruecos”, explica Amari, que trabaja desde hace 4 años con la Asociación Marroquí de Derechos Humanos en esta frontera. “Argelia les expulsa a Marruecos y Marruecos a Argelia, pero ahora Marruecos- porque Europa se lo pide- está ejerciendo más presión sobre los inmigrantes y eso hace que quieran llegar a Europa a toda costa”.

La presión de la que habla Amari está publicada en un informe de Médicos Sin Fronteras de septiembre pasado que indicaba que en los últimos 4 meses, el número de heridos que había atendido la organización en las dos ciudades se había multiplicado por cuatro. Todos estos heridos cuentan la misma historia: Que la policía marroquí les golpea cuando intentan saltar la alambrada de Melilla o en el Monte Gurugú, como contaba Ben Ibrahim, de Gabón, junto a una tienda en la cancha de la Facultad: “Durante media hora me pegaron hasta dejarme casi muerto” .Que les sorprenden en pleno monte con redadas a las las cuatro o las cinco de la madrugada. Que además de usar bastones, ahora también usan objetos punzantes. Que hay muertos y no se sabe dónde están enterrados.

NADOR

Conate deja la bolsa de medicamentos en el suelo, se quita la gorra y me enseña una herida en la cabeza. “Ese día, el martes 16, me golpearon aquí”-indica, señalando la venda. “Hubo muchos heridos y 4 muertos. No sabemos dónde están los cuerpos. Creemos que los entierran por la noche”. Imposible comprobarlo. Sí hay cifras de los heridos que atendió MSF aquel día: 30 heridos, 15 de ellos graves, que fueron trasladados por la policía marroquí al hospital de Nador. En el otro lado también hubo denuncias de los subsaharianos de agresiones por parte de la Guardia Civil que la Delegación del Gobierno en Melilla negó. “Los inmigrantes vienen cada vez más agresivos”- decía en rueda de prensa el Delegado Abdelmalik el Barkani- . Viene armados con palos y piedras” .Pregunta: “¿Cómo son capaces de subir con palos y piedras una valla de 6 metros de altura?” Respuesta: “No lo sé”.

“Yo intenté saltar con un grupo de 87 cameruneses -continúa Conate-. Llegamos al otro lado, pero la Guardia Civil bloqueó a 17, yo entre ellos, y nos devolvió a Marruecos”. Según la Ley de Extranjería, a un inmigrante que llega a suelo español se le debe aplicar el procedimiento de expulsión; no devolverle a las autoridades marroquíes. Pero según el relato de los inmigrantes, esto no ocurre en todos los casos. No ocurre en muchos de los casos.

MONTE GURUGÚ

“Al monte no vuelvo”, dice muy serio Conate. “Estuve allí dos meses y la policía marroquí no dejaba de molestarnos. ¿Por qué lo hacen?. Yo sólo quiero ir a Europa. No quiero quedarme aquí”. A día de hoy, Conate lleva cuatro intentos de alcanzar Europa. La segunda vez lo intentó en una patera. “Mi hermana lo consiguió así. Ella está en Lyon, trabajando de peluquera. Me envió 1000 euros que entregué a un marroquí para que nos cruzara, hacia Málaga. A mitad de camino, la Gendarmería nos detuvo y nos devolvió a tierra marroquí”. Para llegar a Marruecos, Conate cruzó Nigeria, Benín, Burkina, Mali y Mauritania. En tres meses. Tiempo récord. “Me ayudaron amigos, que me llevaban en coche”. Otros no tienen tanta suerte, si puede llamársele suerte a verte obligado a salir de tu país, sabiendo lo que te espera, para buscar un trabajo y enviar dinero a tu familia. Sabiendo que te puedes dejar la vida. Otros han tardado hasta 4 años en llegar a Marruecos, parando para hacer trabajos aquí y allá, en un país y en otro, que les permitieron reunir algo de dinero para continuar el viaje.

El mismo camino que hizo Conate lo recorrió Steve, de 19 años, otro camerunés que se esconde en el Gurugú con 10 compañeros. Sueña con jugar al fútbol en Europa. “Mírame -me dice apoyado en un árbol- . Soy un hombre guapo, pero aquí no hay dignidad. Ni siquiera puedo lavarme. La policía marroquí no deja de atosigarnos. No hay qué comer. MSF nos trajo medicamentos y mantas, nada más” .El viento del Gurugú empieza a notarse. Y el frío, de noche. Con el fin del buen tiempo, se agotan las oportunidades.

MELILLA

A 10 kilómetros de allí, al otro lado de la frontera, en las inmediaciones del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de Melilla, Boumsong, de República Centroafricana, bromea con sus compañeros. Todos son recién llegados. Se ve porque llevan pijamas nuevos que proporciona el centro y porque no paran de sonreir, apoyados en un coche. “Mira -me dice señalando la placa española de la matrícula- Ves? Ya estoy en Europa”. Boumbsong, como sus compañeros, consiguió saltar la valla aquel martes. “Lo hice con la ayuda de Dios. Y con la ayuda de Dios llegaré a Barcelona”. Ha alcanzado su primer objetivo. Pero la meta queda lejos.

“Lo que quieren, claro, es cruzar al otro lado, no quedarse en Melilla”.Habla en su despacho Enrique Roldán, psicólogo y director de voluntariado de Cruz Roja Melilla. “La estancia prolongada en Melilla puede generar trastornos de ansiedad, de estrés. Aparecen, aproximadamente, al cabo de un año de estancia y pueden desembocar en patologías como el alcoholismo”. No están claros los criterios para abandonar el CETI rumbo a la Península. Algunos inmigrantes están allí desde hace dos, tres o cuatro años. Antes, se daba prioridad a las familias, pero no hay reglas establecidas. En el CETI, cuyo acceso a la prensa está vetado, pueden dormir, comer y formarse en talleres que imparten ONG´s como Melilla Acoge. Hombres y mujeres están separados en pabellones distintos, incluso las familias, por falta de espacio. El CETI suele estar casi siempre al doble de su capacidad. También pueden, con una tarjeta de entrada y salida del centro, moverse por la ciudad, “que es el patio grande de la cárcel”, sentencia José Palazón, de PRODEIN, “porque lo que quieren es trabajar y en Melilla no pueden”.

Conate, después de un arresto de la policía y el consiguiente traslado a Oujda, está ahora de vuelta en Farhana, muy cerca de la valla. Va a darse una última oportunidad. Steve, en el Gurugú, todavía se ve con fuerzas para intentarlo cuantas veces sea necesario. “Algún día, -dice señalando la valla, perfectamente visible desde el monte- estaré en Melilla. Inshallah”.

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